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La mafia y el jazz: la historia de Earl Hines, el pianista protegido por Al Capone

En las primeras décadas del siglo pasado y después también, la mafia recaudaba en actividades como el juego, el alcohol ilegal (años de la Ley Seca) y la prostitución que, tienen como denominador común, el entretenimiento. Casinos, hoteles, clubes, garitos y prostíbulos eran el núcleo de la fortuna que amasaba el crimen organizado.

Por cierto, estas actividades no son las únicas con las que recauda el crimen organizado, pero nos centraremos en éstas a los fines de la nota.

El jazz desde sus comienzos en Nueva Orleans estuvo vinculado a la mafia, en ese caso, a la siciliana a través de la familia Matranga. El genial trompetista Louis Armstrong (1901-1971) trabajó en el Matranga’s, ubicado en Black Storyville, famoso distrito del vicio en la cuna del jazz.

En sus memorias, Armstrong (también conocido como “Satchmo”) dejó entrever que prefería trabajar en locales “conectados” con el hampa, ya que se sentía protegido de la violencia racista, muy presente en esa zona de los Estados Unidos. “Siempre hay que tener a un hombre blanco (el gángster) que te cuide de la policía (racista)”, comentó con su habitual candor.

A comienzos de los años veinte, con la Ley Seca (1920-1933) ya en marcha, el jazz se mudó preferentemente a Chicago, por todo ese empuje industrial, aunque Nueva York y Kansas fueron otros de los lugares donde emigraron los músicos.

La mafia trabajó fuerte en Chicago para convertirla en una pujante ciudad vinculada al entretenimiento; uno de los locales más importantes y que aún existe, aunque como recuerdo de tiempos dorados, fue el Grand Terrace (también llamado Sunset Cafe), en el South Side de esa ciudad.

Todos sabían, jueces, fiscales y policía que este y otros importantes centros de diversión eran manejados por la mafia.

Un diciembre que cambió la vida de Hines

En diciembre de 1928, después de haber tocado y grabado con Armstrong, el genial pianista Earl “Fatha” Hines (1903-1983), un músico deslumbrante por su estilo y talento, llega con su orquesta al Grand Terrace y conquista la atención del capo de la mafia de Chicago, un personaje violento, pero interesado en la música.

Alphonso “Al” Capone (1899-1947) era un sensible seguidor de la ópera, a la que iba a escuchar de manera regular al teatro o por la radio.

Las actuaciones de Hines y su orquesta, a la que él llamaba la organización, eran transmitidas en ese entonces por la radio nacional y llegaban a lo ancho y largo del país. Mientras ganaba un merecido prestigio, “Fatha” (una deformación de la palabra father-padre) sumaba músicos en su big band hasta llegar a tener 28 miembros en su orquesta. Su estrella estaba en plena expansión.

Era la Big Band más famosa de los Estados Unidos, artistas como Art Tatum (1909-1956) y Nat King Cole (1919-1965) eran oyentes de esos conciertos que daban desde el Grand Terrace.

Hasta aquí, una banda excelente generando lo que se llamaría la Era del Swing, hasta que una noche llegó Al Capone y pidió reunir a la orquesta.

“Entró una noche a los camarines y nos dijo: ‘Les quiero hacer saber nuestra posición. Sólo queremos que ustedes atiendan sus propios asuntos. Les daremos toda la protección del mundo, pero queremos que sean como esos tres monos: no oyen, no ven, no hablan’. Y eso hicimos”, contó Hines.

Hines se convirtió así en el Piano Man de la mafia de Chicago. Tocó en el Grand Terrace durante doce años, hasta 1940.

“Yo solía escuchar muchas de las cosas que iban a hacer, pero nunca se lo dije a nadie. A veces venía la policía y me preguntaban ‘¿De qué están hablando?’ y respondía sistemáticamente ‘No sé y no pongan mi foto en el diario’, les pedía”.

“Por aquella época, la policía había tomado el hábito de poner las fotos de diferentes personas que daban información en el periódico y al día siguiente las encontraban flotando en el lago atados con cadenas”, explicó el pianista, muchos años después de estos sucesos.

La Masacre de San Valentín

En una entrevista, Earl Hines reconoció que se terminó preguntando cuánto tenía que ver con la famosa “Masacre de San Valentín”, ocurrida el 14 de febrero de 1929, a muy poco de empezar a trabajar en el Grand Terrace, cuando Capone, miembro de la familia Colosimo y de origen napolitano, mandó a matar a seis gángsters (más un mecánico que no tenía nada que ver) de la familia Morán, que se ocupaban de los negocios en la parte norte de Chicago.

“Lo que me pasaba a mí, le pasaba a otros. No hay un solo nombre del mundo del espectáculo como, por ejemplo, Duke Ellington (1899-1974), Cab Calloway (1907-1994) o Louis Armstrong que no haya tenido contacto en algún momento con el Sindicato. Tengo que reconocer que los mafiosos me tenían dominado”, admitió el artista.

Un músico que le negó los aportes al Sindicato, como fue el pianista Jelly Roll Morton (1890-1941), que elegía para tocar lugares independientes, fue apuñalado mientras estaba en el escenario del Music Box, de Washington, en 1938. Si el club hubiese estado protegido seguramente nadie se habría animado a atacar al artista.

Por cierto, la Masacre de San Valentín provocó que el recién asumido presidente norteamericano Herbert Hoover (1874-1964) desatara una campaña feroz contra la mafia de Chicago, que terminó con la caída de Capone, aunque no por la matanza, sino por una cuestión de impuestos, ya que ese día estaba en Florida por un tema de salud.

En 1931, Earl Hines y su orquesta fueron la primera big band negra en viajar a través del Sur, “aquellos blancos la sintieron como una invasión”. En esa primera gira una bomba estalló debajo del escenario en un teatro de Alabama que no llegó a lastimar a ninguno de los músicos pero predispuso muy mal a la banda.

Los permanentes encuentros con una policía amenazante resultaron en una experiencia “desgarradora”, según contó Hines.

Una orquesta con guardaespaldas

A partir de ese momento, para cada gira de la orquesta Al Capone dispuso que dos guardaespaldas armados viajaran con la banda como protección. Lo que generó situaciones paradójicas con los diferentes grupos racistas con los que se cruzaban que no sabían a quien odiar más si a los negros o a los blancos que los cuidaban, pero estos estaban armados y una razonable prudencia los desalentó a confrontarlos.

“Esas giras con protección no dejaban de ser traumáticas para los músicos que debían batallar cada noche con encontrar lugares para comer y dormir”, agregó el pianista y director de la big band.

Capone fue condenado el 17 de octubre de 1931 y su segundo, el sanguinario Frank Nitti (1886-1943), tomó la posta del Grand Terrace que siguió funcionando como si nada hubiese ocurrido.

Sin embargo, el manejo del local (si bien el heredero de Capone fue el matón de Nitti), lo llevó adelante por un gánster con mayor claridad de ideas e inteligente, Paul Ricca (1897-1972), siguiente en el orden jerárquico de la mafia de Chicago que logró que a pesar del levantamiento de La Ley Seca, con la que hicieron enormes dividendos a través del contrabando de alcohol, el entretenimiento siguiese dando sus ganancias.

El Grand Terrace cerró en 1950 y su edificio fue usado como oficinas y luego ferretería. El 9 de septiembre de 1998 fue declarado monumento histórico.

Hines trabajó cómodamente en ese ambiente que era común a todas las ciudades grandes y medianas, además de Chicago, como Nueva York, Nueva Orleáns, Kansas, Saint Louis, Pittsburgh, Detroit, Denver y toda la Costa Oeste.

El Cotton Club, en Harlem, Nueva York, donde Duke Ellington desarrolló su talento con obras de la llamada “Jungle Music”, era de la mafia irlandesa, manejada por Owney “Killer” Madden, que además tenía una siniestra política de segregación: bandas negras, audiencia blanca.

En Nueva York, prácticamente toda la famosa calle 52, con una veintena de clubes en poco más de dos cuadras, estaba en manos de la mafia que, además, habían expandido sus negocios a las drogas, en especial heroína y cocaína, como por ejemplo, Minton’s, Onyx, Three Deuce y Birdland, entre otros.

En Kansas, estaba el Cuban Gardeners; en Saint Louis, Plantation; en Denver, el Midnight Ranch y el 500, en Atlantic City, todos eran conocidos locales manejados por el sindicato del crimen.

La relación entre el jazz y la mafia nunca fue un tema muy abordado; por lo general, los trabajos sobre el género no mencionan este vínculo que estuvo desde el primer momento.

Convengamos que el nacimiento de la mafia en los Estados Unidos, tal como la conocemos, podría remontarse a comienzos del siglo XX en simultáneo con el surgimiento de la música ragtime y posteriormente el jazz, que fue la música popular desde la década de 1910. Hasta mediados de los años cincuenta el entretenimiento tenía música de jazz hasta que lo desbancó el rock and roll con aquel pegadizo Rock Around The Clock, de Bill Haley y Sus Cometas, que llegó al número uno en las listas de ventas.

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