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Los talones de Aquiles de la Inteligencia Artificial

Los fines tenidos en vista para la creación de la IA fueron un aumento de las capacidades de conocimiento humano, una mejora en la certeza o veracidad del conocimiento producido y una disminución drástica, mediante su uso, de los recursos consumidos por las sociedades urbanas, industriales y tecnológicas. ¿Qué pasaría si pudiéramos probar con certeza que la IA no tendrá esos efectos deseados o que sus beneficios no serán superiores a los perjuicios que ocasionará al medio ambiente y a los seres humanos, a menos que se trabaje fuertemente en la prevención de sus efectos negativos? ¿Por qué es crucial generar la regulación adecuada y la educación tecnológica, en el hogar y el sistema educativo, para crear una eficaz concientización de los peligros que encierra esta tecnología?

Veamos dónde estamos ahora:

1.- Recursos: Con el grado de avance actual de las tecnologías de IA, su funcionamiento consume cantidades monstruosas de electricidad para la puesta en marcha de los centros de datos. Para mantener ese consumo, es necesario contar con producción proveniente de petróleo, gas, energías renovables como la solar, la eólica y energía nuclear.

China ha creado innovaciones que inicialmente podrían incrementar la obtención de energía utilizada por la IA. Así, ha desarrollado su primer reactor modular de sales de Torio y descubrió una mina que podría abastecer a todo su país por miles de años, logró un avance en la tecnología de fusión nuclear caliente con el dispositivo EAST (Experimental Advanced Superconducting Tokamak), que mantuvo el plasma a temperaturas de hasta 160 millones grados, por periodos cortos, durante 17 minutos. Estos eventos instalan a China en la vanguardia mundial en energía nuclear pero su desarrollo es todavía prematuro para abastecer el sistema de IA.

Además, China bajó el consumo de energía con la creación del modelo código abierto de IA DeepSeek-V3 , porque su hardware y software tienen más velocidad de respuesta y menor consumo.

Estados Unidos está empezando a tomar nota del problema, pero todavía no se conocen nuevas tecnologías o programas que aumenten la capacidad de producción de la energía nuclear, que parece ser la única con capacidad para abastecer, con seguridad y eficiencia, todo el sistema de IA. El reporte elaborado por el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley señala que los servidores dedicados a la IA podrían representar entre el 6.7 y el 12% del consumo eléctrico total de EE. UU. en los próximos tres años. Los especialistas advierten que la nación carece de la infraestructura necesaria para atender este incremento.

El cuello de botella de la IA no es el chip, es la energía, y en esto China se está preparando mejor que EE. UU. Este aumento de consumo energético producirá un incremento exponencial de la minería extractiva de petróleo y gas, además de todos los metales necesarios para energía nuclear, solar y eólica, y de la fabricación de chip.

2. ¿Qué nivel de certeza o verdad puede alcanzar el conocimiento de la IA?

Esta es otra pregunta clave para evaluar si es correcto destinar tanto capital y recursos para el tipo de desarrollo que se está haciendo de la IA en la actualidad.

La IA depende de la calidad de los datos, estos tienen que tener la mayor exactitud posible con la realidad digitalizada, para que sus cálculos o conclusiones sean lo más certeros posibles. La clasificación de los datos en conjunto, paso necesario para poder analizarlos matemáticamente y sacar conclusiones, atenta contra la calidad del dato. Para simplificar la realidad, que es compleja, hay que dejar de lado particularidades de los hechos observados. La elección de aquello que será parte del conjunto o quedará afuera, es realizada por algoritmos que replican los sesgos de los humanos que los programaron. Eso deja un punto ciego en el conocimiento elaborado, que a veces es ínfimo y no varía el carácter válido de la conclusión y otras veces la destroza, convirtiéndola en conocimiento erróneo o sesgado.

Nicholas Nassin Taleb, en su libro El Cisne Negro, sostiene que la soberbia humana ha olvidado que son más importante los libros no leídos de la biblioteca que los leídos. Es decir, es más valioso trabajar sobre lo que no sabemos que sobre lo que sabemos. La IA trabaja con las certezas que los humanos le imprimimos en los algoritmos con la que la programamos, que parten de datos que tienen su fidelidad y exactitud reducidas por el proceso clasificatorio, además porque tienen dificultades para captar la realidad tal como es, con sus colores, texturas, olores, composición exacta de las partículas en todo momento del tiempo y el espacio. Podemos ver la foto, no la película. Se acaba de descubrir un nuevo estado de materia, en el borde de dos materiales exóticos, nunca vista donde los electrones fluyen en 6 direcciones inusuales, lo que confirma nuestra completa ignorancia sobre lo real. Cada foto nueva puede destruir todas las teorías construidas con las anteriores. Para captar la película completa del universo, en todo tiempo y espacio, se necesita una capacidad de cálculo infinita, como el universo.

Sin embargo, sólo es computable lo finito, como lo lúdico y reglado, por eso la IA es tan buena en los juegos. El código del universo es propiedad de Dios, los humanos podemos tener breves intuiciones sobre partes del mismo, pero no conocerlo y tener su compresión absoluta y total.

Con toda esta problemática expuesta, ¿qué podría salir mal? Lo dejo para la reflexión del lector.

3. Degradación de las facultades cognitivas humanas. ¿Qué pasó en la revolución industrial con las facultades manuales que las máquinas vinieron a reemplazar? Se fue dando una lenta y progresiva pérdida de funciones o habilidades humanas. Hoy, las personas hemos perdido destrezas manuales que antes eran muy comunes entre la población.

La IA funciona mediante la externalización de las memorias humanas en dispositivos digitales. Todo el conocimiento queda recluido en la nube, en los centros de datos. El cerebro humano, este modelo biológico que nos trajo hasta nuestros días, queda relegado de todas sus funciones vitales, memorizar, recordar, observar, percibir, calcular, razonar, pensar.

La información queda centralizada en la nube y el software reemplaza al cerebro humano en todas sus operaciones funcionales, necesarias para comprender y aprender conocimientos.

El humano es un mero espectador del trabajo de la máquina, queda degradado a un objeto que consume la información que el poder político-tecnológico imperante quiere que consuma. No puede ver ni entender cómo funcionan algoritmos que construyeron la conclusión que le entregan, no puede verificar los datos en que se basó. Por eso, ha perdido toda soberanía individual, al aceptar la completa externalización de las memorias y toda posibilidad de control, del poder, si se resigna a que los algoritmos estén bajo propiedad intelectual y no sean de código abierto.

El poder podrá escribir y reescribir su relato de verdad a medida de sus necesidades.

Hasta la intuición queda sin guía. Uno la ejercita cuando la mente tiene información disponible en la memoria y en el acto de pensar o razonar podemos intuir cómo puede ser el espacio de realidad que nos falta conocer o la solución a un problema matemático: un cerebro vacío de información solo puede intuir el vacío mismo o sea nada.

El cerebro es un dispositivo biológico que cuando realiza una operación está haciendo dos actividades: resolviendo el problema bajo análisis y, a su vez, aprendiendo y ejercitando las neuronas que lo resuelven. Sin este bucle de aprendizaje no hubiéramos llegado a la actualidad, sin práctica neuronal no hay funciones neuronales eficientes. Usar el cerebro para nuestras actividades no es perder el tiempo, es mantenerlo vivo, abandonar todos los trabajos a la IA es condenar al cerebro a perder funcionalidad.

Ahora bien, si el cerebro se convierte en disfuncional ¿cómo el ser humano podrá cuestionar o verificar los resultados de la IA? Sin cerebros funcionales la IA y el poder político-tecnológico quedan sin control.

La eficiencia de la IA puede ser muy positiva si controlamos su ambivalencia, el aspecto negativo que genera. Efectivamente, puede resolver problemas complejos de salud, tránsito, consumo de energía, seguridad, justicia, medio ambiente, diseño industrial, etc., pero su uso debe ser estrictamente regulado y debe implementarse una rigurosa educación tecnológica en el hogar y en el sistema educativo, para evitar los efectos nocivos expuestos.

Es necesario comprender que los conocimientos que produce la IA no son infalibles, por ello deben ser estrictamente verificados por humanos y su uso debe ser reservado a un plano que no afecte el desarrollo del cerebro humano, disminuyendo sus funcionalidades. En este sentido, la IA debe mantenerse fuera de las aulas y su uso profesional debe ser de apoyo al cerebro humano pero nunca reemplazarlo en su función.

Warren Buffett calificó a la IA como la tecnología más disruptiva desde la creación de la bomba atómica, por su peligrosidad. No destruyamos el planeta para computar lo infinito, es imposible. No reemplacemos al cerebro humano que nos trajo hasta nuestros días, por un sistema imperfecto programado por humanos; si estos se vuelven tontos la IA también lo será y habremos vuelto al punto 0.

Abogado, Magíster en Derecho Administrativo, Magíster en Tecnología, Políticas y Culturas, experto en Derecho de la Inteligencia Artificial (Universidad Católica de Murcia e Ineaf)

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