A 140 años del nacimiento del escritor Ricardo Güiraldes (1886-1927), el “poeta de la pampa”, y a un siglo de la primera edición de Don Segundo Sombra, una de las grandes novelas argentinas del siglo XX, la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) retoma hoy la serie de homenajes güiraldianos iniciada en 2025 en el Museo Larreta con la muestra Caaporá: cuerpos pintados y travesías americanas, que se extenderá hasta 2027, cuando se conmemore el centenario de la muerte del escritor. La cita es esta tarde, a las 18, en el salón de actos de la SADE (Uruguay 1371), con entrada libre y gratuita. Participan de la mesa redonda que se ocupará del análisis del legado del autor de Raucho (suerte de precuela de Don Segundo Sombra) y El cencerro de cristal el escritor Antonio Las Heras, biógrafo de Güiraldes y autor de Las búsquedas espirituales de Ricardo Güiraldes; el escritor y empresario Jorge Giorno, expresidente de la SADE, y el editor, escritor y poeta Daniel Ripoll.
“Este viernes se cumplen 140 años del nacimiento de Güiraldes y, a mitad de año, cien años de la publicación de Don Segundo Sombra en una edición de Proa, editorial en la que participaba Güiraldes con Jorge Luis Borges, Alfredo Brandán Caraffa y Pablo Rojas Paz -detalla Alejandro Vaccaro, presidente de la SADE, a LA NACION-. Antonio Las Heras va a resaltar no solo lo portentoso que fue ese libro en su momento, cuando en cierto modo ‘anuló’ otras obras de narrativa rural de la época, sino también la búsqueda espiritual de Güiraldes, un hombre de buena posición económica, como todos sabemos, y que tuvo a Roberto Arlt como secretario [en 1926, Arlt publicó la novela El juguete rabioso, también protagonizada por un adolescente], que a partir de sus viajes a Europa y a Oriente, se interesó en búsquedas más profundas. Murió muy joven, de cáncer, aunque llegó a ver tres ediciones en vida de su maravillosa novela”.
Güiraldes murió a los 41 años en París, el 8 de octubre de 1927, poco después de ganar el Premio Nacional de Literatura. Un mes después de su muerte, el presidente Marcelo T. de Alvear hizo repatriar los restos del escritor, que descansan en el cementerio de San Antonio de Areco (donde está el Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes), cerca de la sepultura del gaucho que inspiró su obra maestra.
Don Segundo Sombra, narrada en primera persona por Fabio Cáceres, un adolescente “perdidito” (como oye que dicen de él en el pueblo) que se inicia como aprendiz de resero guiado por el impasible gaucho don Segundo Sombra, de quien aprende, además de las tareas del oficio, a ennoblecer su espíritu. Güiraldes dedicó la novela a don Segundo, a domadores y reseros, y “al gaucho que llevo en mí, sacramente, como la custodia lleva la hostia”.
El tono que Güiraldes le hace adoptar a Fabio es único: “La calle fue mi paraíso, la casa mi tortura; todo cuanto comencé a ganar en simpatías afuera, lo convertí en odio para mis tías. Me hice ladino. Ya no tenía vergüenza de entrar en el hotel a conversar con los copetudos, que se reunían a la mañana y a la tarde para una partida de tute o de truco. Me hice familiar de la peluquería, donde se oyen las noticias de más actualidad, y llegué pronto a conocer a las personas como a las cosas. No había requiebro ni guasada que no hallara un lugar en mi cabeza, de modo que fui una especie de archivo que los mayores se entretenían en revolver con algún puyazo, para oírme largar el brulote”.
“Güiraldes fue un joven perdido en una época en la que los argentinos buscábamos desesperadamente nombrarnos, y Don Segundo Sombra, la novela que escribió sin saber que estaba fundando un mito, cumple cien años en 2026 -dice la doctora en Letras Victoria Liendo-. Ricardo nos dio un personaje que nos enamoró: un gaucho con aura; Macedonio Fernández decía que era ‘el hombre de mundo por excelencia’, que sin hacer nada quedaba bien. Pero lo mejor del gaucho es quien lo mira: el niño huérfano, Fabio Cáceres, divino, pícaro, fresco. Como escribió Louise Glück, ‘miramos el mundo una vez, en la infancia; el resto es memoria’. Don Segundo es esa primera mirada. Los ojos de Fabio hacen el campo, el gaucho, el horizonte, crean el cielo y la tierra, mueven el sol y las demás estrellas. La pampa existe porque un niño sin padres la mira”.
Liendo parangona al autor con su personaje más célebre. “A mí me conmueve el camino de escritor que hizo Güiraldes para llegar a Fabio, ese protagonista que habla en primera persona y que cuando crece tiene que separarse del gaucho con esa inolvidable frase final: ‘y me fui como quien se desangra’, porque no salió de cualquier lado, salió de otro, del protagonista fracasado de una novela sin éxito, Raucho, la primera de Güiraldes –destaca–. Diez años antes de Fabio, estaba Raucho, que no era un guacho del pueblo que se convierte en resero para descubrir al final que es el hijo del patrón, sino el hijo legítimo del patrón que pierde en la noche de París la dignidad, la salud, toda su fortuna, y se ve obligado a volver al campo como peón. Un criollismo débil, porque la ideología criollista, esa certeza de que el campo te salva el alma, entraba en crisis con un personaje sin voluntad ni agencia al que terminan rescatando y trasladando de vuelta a un potrero. La imagen de Ricardo escritor no se arma con un personaje tan autobiográfico. Con Don Segundo Sombra, en cambio, Güiraldes entra de lleno en la ficción y logra finalmente, después de años de tanteos y contradicciones, sostener una figura de autor eficaz. La sorpresa del éxito, esa incredulidad que el propio Güiraldes confesó, no fue un accidente: fue el punto de llegada de una obra que se escribió contra sus propios límites. Ese mismo año, Borges publicó El tamaño de mi esperanza, un ensayo que intentaba teorizar una tradición futura. Don Segundo Sombra la volvió forma antes de que pudiera ser doctrina, y ese año, al menos, lo eclipsó”.
Para la escritora y académica María Rosa Lojo, “recordamos a Güiraldes sobre todo por Don Segundo Sombra, su obra emblemática, la más aclamada y difundida”. “Llega a este hito con una vocación literaria que jalonan fracasos y decepciones –señala–. En un hermoso cuento de Enrique Anderson Imbert: ‘Solo un instante, un instante solo’, el futuro autor de Don Segundo Sombra es evocado como un personaje que recuerda sus vanos intentos de convertirse en un escritor verdaderamente original, con algo propio e insustituible para decir. Cuando ya está casi resignado a abandonar las letras y asumir las tareas económicas de un estanciero, tiene una epifanía en la que el campo y sus personajes se le manifiestan en toda su potencia simbólica y afectiva: ‘Sin renunciar a lo que ha aprendido en otras naciones […] se abraza con la patria’. Como ya había dicho antes Victoria Ocampo en su ensayo ’Supremacía del alma y de la sangre’, con esa novela que ‘huele a leguas de tierra americana’, encontrará por fin el lenguaje capaz de expresar no solo su individualidad, sino además ‘el alma y la sangre’ de Sudamérica, con su ethos diferente al de Europa, pero no menos legítimo. Esa diferencia a la que tenemos derecho”.
Lojo anticipa que tanto en la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, que ella integra, como en el Centro de Ediciones y Estudios Críticos de Literatura Argentina de la Universidad del Salvador, del que es directora académica, están preparando celebraciones por el doble aniversario güiraldiano. Asimismo, se le rendirá homenaje, en mayo, en la Academia Argentina de Letras.
“Pensar en un aniversario de Ricardo Güiraldes es como pensar en un aniversario de la patria, o como pensar en una conmemoración de nuestra identidad –afirma el escritor Osvaldo Ferrari–. No de la conservada en los museos, sino la que encarnó en los hombres y mujeres cuyos espíritus perviven entre nosotros. El espíritu de Guiraldes es el de la tierra argentina, el de la tierra que le da forma a sus habitantes. Su sentido místico de la llanura lo llevó al encuentro con su personaje esencial: Don Segundo Ramírez Sombra, quien siendo un gaucho de la estancia de su familia, le inspiró la figura del resero. Ese resero, el cual al transmitir sus experiencias de vida y trabajo a la intemperie al joven Fabio, de alguna manera el propio Güiraldes, expone las características perdurables de su naturaleza criolla”.
Hay varias ediciones para seguir la huella de los personajes de Don Segundo Sombra, entre otras, la de editorial Losada, con un estudio introductorio del crítico y escritor Juan Carlos Ghiano; la de Emecé, con un estudio preliminar y notas de la profesora y académica Alicia María Zorrilla; otra de Compañía General Fabril Editora, con ilustraciones de Alberto Güiraldes (primo del escritor), y la que se puede leer online en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
